22 septiembre 2005

Las Logias en el Congreso Constituyente de 1828

En esta ocasión les presento un estracto de un trabajo realizado por Juan Mellado y por Fabian Aravena... Este texto se refiere a la presencia de logias en el Congreso Constituyente de 1828, clubes acusados de corromper la actividad Constituyente. Lo curioso de este episodio es que acabadas las Logias Lautarinas con la consecución de sus fines emancipadores en Chile, logias que por lo demás agrupaban a gente influenciada por el ideal federalista importado desde Estados Unidos, precisamente en esta época los miembros del Congreso Constituyente de 1828 que propugnaban el federalismo denunciaban la existencia de clubes secretos que alteraban el transparente funcionamiento del Congreso. Les invito a leer el estracto que aqui les presento.

"...Reunidos en la capital de Santiago, bajo el rito masónico se constituyeron y denominaron venerables, hicieron prosélitos logrando sorprender a algunos ciudadanos patriotas y se ganaron a un hombre vil e intrigante para ponerlo a la cabeza de sus maquinaciones y maldades..."



La organización de sociedades secretas perduró después de la extinción de la Logia Lautarina. Hubo organismos que sesionaron a puertas cerradas por asuntos de diversa índole y sólo entre sus “iniciados”. Así, cuando nuestra vida republicana era joven y chocaban ideas políticas y de gobierno para organizar al país, numerosas agrupaciones de pocos miembros se ampararon en el secreto para trazar sus planes y preparar proyectos que se conocerían en público por medio de organismos visibles sobre los cuales los “iniciados” ejercían influencia. En el Congreso Constituyente de 1828 causó revuelo la denuncia de la existencia de sociedades secretas. El pueblo también había recibido esta nueva por medio de panfletos y periódicos, provocándose un estado general de agitación.

Por medio de una ley dictada en junio de 1827 se ordenó consultar a las asambleas provinciales acerca de la forma de gobierno que debía adoptar la república. Los municipios debían votar, enviando el sufragio a la respectiva asamblea, que discutiría los votos enviando el propio a una Comisión designada por el Congreso, y sobre la base de los votos el Congreso debía determinar la redacción de una nueva constitución. El trabajo de la Comisión no fue sencillo, pues la asamblea de Valdivia se pronunció por un sistema federal, mientras que Santiago puso objeciones para pronunciarse, incluso otras asambleas no se pronunciaron, por lo que se confeccionó un documento suponiendo aquellos votos.
[1] En la sesión del 12 de marzo de 1828 se sancionó por unanimidad este documento, salvo los votos de quienes pretendían una constitución federal (Infante, Magallanes, Molina, Campino y Bilbao). El proyecto quedó acordado de manera que se creara una constitución sobre la base popular, representativa republicana y dando libertades a las personas. La Comisión asignada elaboró un proyecto que fue aprobado con muy pocas modificaciones.

La elección de diputados del Congreso Constituyente se había realizado de manera poco limpia. Así los pipiolos manejaron a su antojo los sufragios, quedando una mayoría abrumadora de liberales, que se jactaron del triunfo.

El articulado de la Constitución fue aprobándose en base a las reuniones diarias del Congreso, pero importante preocupación causó el hecho de las renuncias de algunos electos que se negaban a participar y de la influencia de algunos miembros del Congreso Constituyente, el cual castigaba a los diputados electos que no se integraban a las sesiones con privación de la ciudadanía por dos años.

Ya habíamos señalado el disgusto de los federalistas ante el proyecto de constitución que estaba siendo aprobado. Los partidarios del malogrado régimen no se dieron por vencidos y siéndoles imposible cambiar la opinión del país optaron por desprestigiar al Congreso Constituyente. Entre los partidarios de un régimen federal figuraban Manuel Magallanes y Nicolás Pradel, diputados de Los Ángeles y Lautaro, respectivamente. Pradel presentó al Congreso la siguiente moción:

“Nada más opuesto a las formas de un sistema republicano que los clubs secretos o conventículos, en los cuales se proyectan medidas contra la libertad. En ellos, reunidos los ciudadanos por medio de un voto especial, nacen nulos todos sus derechos y los someten al capricho de una mayoría venal con que frustran las mejores miras políticas combinadas en beneficio público. (...) las reuniones clandestinas son atentatorias contra las marchas de la libertad. Ejemplos harto funestos nos administra la Logia que se estableció en Buenos Aires y que después se extendió a Chile bajo el título pomposo de Lautarina y las que actualmente afligen a los Estados Unidos de Méjico.
Por desgracia es que existe en nuestro país una semejante y que varios de sus componentes pertenecen a la representación nacional (...). En este caso, la nación viene a ser una máquina gobernada a discreción de estos agentes y el eco público sofocado con el golpe que se medita en las tinieblas del misterio. ¿Y podrá un diputado hacerse el indiferente a este peligro que amenaza la existencia de la Patria? Al que suscribe no le es dable, y en ese concepto presenta a la consideración de Congreso el siguiente,


PROYECTO DE LEY

ARTICULO 1.° Declarado por los RR. Nacionales que no se hallen
actualmente comprendidos en la denunciada logia, que su existencia es efectiva,
quedarán de hecho suspensos de las funciones de su cargo los que pertenezcan a
ella.
ARTICULO 2.° Tanto los diputados comprendidos en el artículo anterior
como los demás individuos que sean miembros de dicha Logia, serán juzgados por
los Tribunales competentes conforme a las leyes del caso.
ARTICULO 3.° El
Congreso suspenderá sus fnciones por el término de un mes perentorio, dentro del
cual los pueblos harán elección de los suplentes respectivos al número de
diputados comprendidos en la denunciada Logia.
ARTICULO 4.° Se prohíbe en la
República toda asociación que no lleve el sello de la publicidad, bajo la pena
de expatriación por diez años.
ARTICULO 5.° Todo individuo que sepa la
existencia de alguna y no la denuncie, queda sujeto a la misma pena.


Santiago, Mayo 7 de 1828.-Nicolás
Pradel.
[2]


El Congreso Constituyente se ocupó del señor Pradel en la sesión del 17 de junio. Allí se leyeron sus antecedentes, la sala lo declaró “falso calumniante” con la sola pena de quedar fuera separado de la representación nacional, llamándose a un suplente.

Sin embargo Pradel insiste en sus acusaciones, sosteniendo que quienes frustraron el Congreso del año 26 pertenecían a estas logias, reunidas en Santiago bajo el rito masónico. La polémica siguó por medio de la prensa, siendo el documento que da mas luz el que publicó Pradel el 18 de Julio para comprobar, después de tanto denunciar sin pruebas, la existencia de la logia. En este documento se sostenía lo siguiente:

“...Reunidos en la capital de Santiago, bajo el rito masónico se constituyeron y denominaron venerables, hicieron prosélitos logrando sorprender a algunos ciudadanos patriotas y se ganaron a un hombre vil e intrigante para ponerlo a la cabeza de sus maquinaciones y maldades. Instituyeron al fin la logia de conjurados; y en sus primeras reuniones nocturnas brindaron con la Presidencia de la República al general don Joaquín Prieto, quien despreció altamente esta atentatoria oferta; prometieron empleos y beneficios exclusivamente a los iniciados para tomar ascendiente sobre los incautos ambiciosos (...) Comprometido ante los pueblos de la República y sus representantes, a hacer la pública manifestación de los documentos incontrarrestables, que acreditan la existencia de esta logia, compuesta por varios diputados del actual Congreso,
[3] llega el caso de verificarlo (...) Espero con tranquilidad el fallo de tan respetable e ilustrado Tribunal[4] y desprecio las acriminaciones injustas de mis enemigos, porque estoy bien abroquelado en mi conciencia y patriotismo...”[5]

Pradel transcribe en este artículo los documentos que le servían de prueba, guardando los originales en su poder. Entre las pruebas con las que contaba encontramos un oficio del diputado Francisco Fernández a la logia de Aprendices luego que fue electo Venerable, escrito en el original -con evidentes símbolos masónicos-
[6] de puño y letra por Fernández, que firma bajo el nombre Galvarino. Otro documento adjunto e una carta de Juan Francisco Herrera a Nicolás Martínez, dos “hermanos” que al parecer se reunían citados por el Venerable. El último documento citado, y el que más nos llama la atención, es una carta de Enrique Campino a Manuel Magallanes, que al igual que Pradel había denunciado la existencia de miembros de logias en el Congreso Constituyente de 1828, y como consecuencia de ello fue expulsado de aquél. En esta carta, fechada el 7 de marzo de 1828, Campino felicita a Magallanes por haberse desprendido de “ese maldito club”[7], al igual que él mismo y Silva, club que reducía su miembros a diez o doce con el fin de anarquizar al país con más libertad.

Salvat concluye que en la época era poco probable que la existencia de una logia haya pasado desapercibida en el Santiago de entonces, pues todas las personas de cierta importancia se conocían.
[8] Por lo demás hubo personas que se apartaron de la asociación que probo Pradel que existía, así quedando libres de secreto. Salvat sigue contándonos que se publicaron numeroso periódicos y panfletos en contra de los francmasones, como “El Azote de los logi-unitarios”, redactado por José Miguel Infante, en el cual se culpa a la Logia Lautaro del asesinato de Carrera y se repudia la condena de Pradel y de Magallanes.

____________________________

[1] Salvat Monguillot, Manuel. “Las Logias en el Congreso Constituyente de 1828”, Revista de Derecho Público, N° 28, Publicación del Departamento de Derecho Público de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, Santiago de Chile (1828), p. 62.
[2] Oviedo, Benjamín. La Masonería en Chile, Soc. Imp. y Lit. Universo, Santiago de Chile (1929), p. 69-71.
[3] Dichos diputados son: Francisco Fernández, Julián Navarro, Santiago Muñoz, José María Novoa, Blas Reyes, Joaquín Prieto, Melchor Santiago de Concha, Manuel Araos, Pedro Prado Montaner, Rafael Bilbao, Vicente González, Martín Orjera y Miguel Collao. Estos dos últimos probarán ante el público su separación de la logia con diversos documentos.
[4] Este artículo estaba dirigido al Tribunal Público.
[5] Oviedo, Benjamín. La Masonería en Chile, Soc. Imp. y Lit. Universo, Santiago de Chile (1929), p. 80-84.
[6] En el documento se repite varias veces el símbolo O-O, que era usualmente utilizado para ocultar la palabra “logia” a cualquiera que no perteneciere a una de ellas.
[7] Oviedo, Benjamín. Op. Citt., p. 82.
[8] Salvat, Manuel. Op. Cit., p. 71.

14 septiembre 2005

la agenda yankee


Joel Robert Poinsett



Un buen articulo, del profesor de la PUC Ramon Moreno que se refiere a la intervencion de Joel Robert Poinsett como enviado norteamericano a Mexico... Habla brevemente de su vinculacion con Jose Miguel Carrera y la masoneria estadounidense...

http://www.humanas.unal.edu.co/eristica/La%20agenda%20yankee.pdf

Espero que este articulo les guste...